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Por Aranzazú Martínez Galeana.
¿Se acuerdan de cuando iban en la primaria y les emocionaba que próximamente sería el Día del Niño y podían ir de ropa de calle? (lamento la proyección, usé uniforme hasta prepa), ¿de la kermés?, ¿el registro civil?, ¿algún torneo de fútbol?, ¿lo mucho que disfrutaban subirse a los inflables?, ¿lo bonitas que se sentían con su carita pintada de mariposa o lo invencibles que creían parecer cuando se transformaban con un poco de pintura roja en un hombre con poderes arácnidos? Yo sí y siempre termino sonriendo. Después crecí y ese día pasó a ser uno más en el calendario. Con los años entendí lo afortunada que era de haber vivido una niñez así, lo agradecida que estoy por ella y en cierta manera, lo responsable que me siento con quienes no tienen la fortuna de haber tenido un día así.
Después de haberme transportado unos años atrás con lo que escribí líneas arriba quiero hablarles de algo que me hace posible revivir esos días y sentirme niña de nuevo: Travesuras 2013.
¿Qué es?
Es un evento realizado por Grupos Estudiantiles coordinado por el CAM (Comité de Acciones por México) del Tec de Monterrey, Campus Ciudad de México para celebrar el Día del Niño.
¿De qué va el asunto?
Se invitan a diversas asociaciones, en este caso el DIF, para que lleven a sus niños (en esta ocasión serán más de 600 niños) a las instalaciones para festejarlos como se merecen. Nuestros invitados de honor tienen entre 5 y 11 años (algunos de los cuales vienen de entornos desafortunados como situación de calle) y por primera vez, tendremos el privilegio de contar con la presencia de pequeñitos con algún tipo de discapacidad.
¿Qué hacemos con ellos?
Les organizamos actividades recreativas como partidos de fútbol, carrera de botargas, pintacaritas, taller de danza, salón de belleza, inflables, shows, plastilina comestible, origami, resbaladilla de agua, videojuegos y la siempre aclamada casa de sustos.
¿Qué necesitamos?
¡AYUDA! Mucha. Debido a la cantidad de niños, estamos pidiendo que nos apoyen con juguetes nuevos, dinero, libros en buen estado, dulces y jugos. (Sé que suena trillado, pero cada peso y muñeca donada lo valen).
Finalmente quiero contarles que he tenido la oportunidad de colaborar con esta causa desde hace cuatro años- en mayor o menor medida- y no saben lo gratificante que es ser parte de este proyecto. Cuando terminas insolada y con los pies deshechos de andar de arriba para abajo correteando a unos “Gaviotos” despeinados, cansados, sonrientes pero sobre todo felices que te dicen “Mamá Gaviota”, sabes que algo se hizo bien, que lo valió. Los invito a que se sumen y nos ayuden a recordarles lo mágico que es ser niños. Lo valen. En serio que sí.
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