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Por Pamela Vazquez.
Los Zumo, banda de rock-pop venezolana -específicamente de Valencia-, hacen honor a las palabras rock y pop latino, y lo hacen bien. No soy partidaria de este género pero siempre es agradable encontrar una buena producción. Sí, hablan de desamor, amor, corazones rotos, «quiero volar», «vivo en un mundo mejor», «deja tus miedos atrás», «te necesito» y gritos; sí, hay guitarras eléctricas (Luis Milano), batería dinámica y afinada (Eliott Da Silva), voz sexy (Carlos Blanco), buenos arreglos con teclado y un bajo seductor (Adrián Otero) pero…, me cayeron bien cuando escuché unas canciones en vivo. Sí, tienen congruencia.
Ningún género es malo. Los “artistas” (sí, entre comillas) son quienes no logran hacer de su arte, un arte, y no estoy diciendo que Zumo crea arte. Ese es un tema que no hay cabida en este texto en primera porque, ¿quién carajos soy yo para decir si lo que hacen es arte o no? ¿Pasarán a la historia? ¿La técnica musical es revolucionaria? ¿Son una influencia en su generación, las venideras y las anteriores? Etcéteras que no me tocan, gracias al cielo, responder; a lo que voy, es que hacen bien las cosas, como por ejemplo este EP que tengo en mis manos grabado en los estudios Backstage en 2014.
Vienen a México a hacer su trabajo, tocan puertas, enamoran a chicas preparatorianas, los siguen los chicos de secundaria buscando una identidad y los odian los novios de las chicas de secundaria y preparatoria; y así como otros cientos y cientos de «banditas» de rock pop latino que intentan hacer algo que simplemente se escucha como un plagio mal hecho de una sola banda que generalmente es Blink, División Minúscula, Nickelback, Pearl Jam (en el color de voz), Héroes del Silencio, Caifanes (si bien les va), Green Day u alguna otra banda; ellos sí lo hacen bien, casi tan bien que se podría decir que tienen su propia voz. Son unos adolescentes buscando su identidad. Han empezado bien, imitando y aplicando recursos de sus influencias más íntimas.
Hay algo que me parece curioso de estas bandas latinas que en su conjunto hacen esta voz que unifica a todos estos países; es esa voz adolescente, que gracias a las bondades del verbo cantar que elimina en la mayoría de las veces el acento de procedencia, ayuda en este caso a Zumo a ser aún más digeribles por esas personitas de distintas nacionalidades. Además, tienen esas letras que entretienen y esa -casi- balada rockera “Recordar” tan linda que te hace revivir tu primer amor que termina en malos términos…
En fin, no me molestan, me caen bien y pude escuchar su disco de principio a fin… dos veces. Sigan haciendo un buen trabajo.
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