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Por Elizabeth Aguilar Quintana.
Todos tenemos nuestra casa, que es el hogar privado; y la ciudad, que es el hogar público. [1]
El Gobierno del Estado de México diseñó un nuevo concepto de vivienda, una estrategia de ordenamiento territorial en la entidad: proyectó desarrollar seis “Ciudades del Bicentenario” localizadas en los municipios de Almoloya de Juárez, Atlacomulco, Jilotepec, en el norte; y Huehuetoca, Tecámac y Zumpango, en el oriente.
Esta iniciativa contempló principalmente proyectos urbanos de infraestructura y equipamientos estratégicos, así como vías de comunicación de carácter regional, con el propósito de impulsar zonas de nuevo crecimiento alrededor de las áreas urbanas existentes en los seis municipios seleccionados.
Sin embargo el sueño se ha convertido en pesadilla para aquellas personas que con gran esfuerzo buscaron adquirir un patrimonio. Los proyectos presentados por los diferentes gobiernos, pocas veces cuentan con estudios de impacto, de igual forma no son diseñados pensando en la prosperidad de las comunidades, sino en el lucro de unas cuantas empresas.
Las promesas de empleo, educación e infraestructura urbana se convirtieron en palabras en el viento y nada más.
Uno ejemplo es el desarrollo de la Trinidad, en Zumpango, Estado de México, un complejo edificado por Casas GEO, con viviendas de 40 y 50 metros cuadrados, cabe mencionar que el fraccionamiento cuenta con alrededor de ocho mil casas. Complejos como éste se encuentran en localidades aisladas del empleo y la educación, son “viviendas” que se ubican tan lejos que la gente no puede habitar en ellas, tienen poca infraestructura en vías de comunicación y escasos servicios comunitarios.
Dada ésta problemática la gente abandona los hogares; es incomprensible que las constructoras generen lucro a costa de la necesidad de una familia. Denigran la calidad de vida de una familia. En su mayoría, las “casas” son habitadas por 4 o 5 miembros; es irracional concebir una sana convivencia en un espacio de 40 o 50 metros cuadrados para 4 o 5 personas. Esto desemboca en otras problemáticas, los jóvenes no tienen lugares de esparcimientos, no existen oportunidades de desarrollo para las familias, no existe lugar para que puedan realizar sus actividades. Se ven obligados a salir a las calles, se vinculan con drogas, narcotráfico y consumo de las mismas. Quebrantan la célula de la sociedad que es la familia.
Empero, frente a una problemática tan compleja, existen organizaciones que buscan fomentar el desarrollo de las comunidades y su sano crecimiento tal como Fundación Hogares, una institución mexicana de filantropía que tiene como objetivo desarrollar, apoyar y promover soluciones de vivienda que generen un mayor bienestar económico y social para los mexicanos.
Meta lograda a través de la participación y organización ciudadana, quien determinará su propio destino, promoviendo entornos físico, económico y socialmente sustentables, fortaleciendo lazos familiares y sociales, creando sentido de pertenencia y orgullo de comunidad, restituyendo el tejido social lo que fomenta la plusvalía patrimonial al canalizar satisfactores y servicios para crear capital social.
Los mexicanos, unidos hacemos la diferencia, debemos promover y exigir no solo el cumplimiento de las promesas de los partidos, debemos exigir se cumplan con eficiencia y efectividad, no se debe permitir que empresas se beneficien de la necesidad de otros. Aboguemos y participemos por una vivienda digna para los mexicanos. No olvidemos que “el hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar” [2].
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